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sábado, 16 de abril de 2016

16.04.16 Brillante Reflexión de Julio Narro" en Boletín Tricantino Abril 2016




16.04.16 Brillante Reflexión de "Julio Narro" en Boletín Tricantino Abril 2016


   Quiero ser yo misma. Quiero manifestarme como soy. Quiero hacer lo que me sale de dentro. Me molestan las normas que se me imponen. Este esquema de autonomía y espontánea sinceridad corresponde a las expresiones que escuché en cierta ocasión, procedentes de una joven universitaria.


   Queda atrás la alegre desenvoltura del colectivo hippy para dar paso a la libertad de mi yo y que el mundo exterior se entere.


   Libertad, palabra mágica con enorme atractivo. Funcionó como un imán para atraer la atención de masas de hombres cuando Lutero proclamó la libertad de conciencia moral frente a la autoridad eclesiástica. Ofrecía la libertad más íntima del hombre. ¿Cabe mayor libertad? Era la liberación de los oprobiosos ordenamientos. Se daba un nuevo significado a la individualidad, restringido de momento al ámbito propiamente religioso, y ampliado por el enfoque radical de Rousseau que proponía la ausencia total de dominación.


   Porque el individuo, decía, es bueno de por sí. Ocurre que los esfuerzos por expresar la propia opinión, despojada de cualquier referencia a los hechos, origina un bla,bla,- bla, que apoyada en los medios globalizantes, nos asalta con un discurso sensacionalista que invade nuestra vida diaria con argumentos que tienen poco fundamento, con afirmaciones sin justificación, puro impresionismo verbal. Y no solo verbal, sino también de imagen como muestran las señoritas que, como expresión de sí mismas, muestran sus partes íntimas a la vista del espectador globalizado.


   Cuando prima la subjetividad, desaparece el interés por la verdad, se muestra indiferencia por la manera de ser de las cosas, se hace una toma de información escogida con argumentaciones que permitan conseguir el objetivo de impresionar, divertir o manipular a la audiencia. Pero carece de algo esencial, le falta la alegría de estar en la verdad.


   Carece del sentimiento que hace aumentar la capacidad de seguir viviendo. Despreciar o prescindir de la verdad es prescindir de lo hace buena la propia vida, no permite distinguir entre hacer las cosas bien o hacer las cosas mal. Hay quien se cree que puede tomar en sus manos por cuenta propia el poder de eso que llaman gente y entonces el bla,- bla,bla, tiene alcance universal.


   Se oyen cosas como que los componentes de un desodorante para hombre tienen efectos irresistibles para las mujeres, o como aquel que dice acabar con la casta y dar felicidad al cliente que le otorgue su voto, o quien suprime la diversidad de sexos y dice que la unión de hombre y mujer para toda la vida es algo anticuado y resulta discriminatorio para los del mismo sexo que se aman, y también, para que no falte nada, hay quien ofrece las facilidades de la Seguridad Social para un cambio de sexo alternativo.


   Cualquiera puede entender que si no respetamos la distinción entre verdadero y falso, automáticamente desaparece la racionalidad de la que tanto presumimos.


   Porque el concepto de verdad tiene que ver con la realidad de los hechos. A cada hecho le corresponde su verdad y la verdad corresponde a la realidad de los hechos.


   Por otra parte, las relaciones sociales solo pueden funcionar razonablemente bien si existe un cierto grado de confianza en los otros individuos, es decir si los otros son de fiar.


   Es verdad que nos dejamos engañar con bastante facilidad, y esto obliga a una criba de discernimiento, o a una indiferencia por la verdad que se justifica con el ¡que más da!, lo cual es un síntoma claro de indigencia intelectual.


   Porque lo cierto es que a nadie le gusta que le engañe su amigo.


   ¿Qué es la verdad? Esa pregunta la formuló el pragmático Pilatos en un momento trascendental, y no esperó respuesta. Y así pasó lo que pasó.


   Sabemos que la falta de verdad es la mentira, cuyo padre es Satanás.


   Si la verdad no cuenta, no es posible la justicia, y provoca corrupción, guerras y calamidades sin cuento.


   Las dictaduras viven a causa de la mentira ideológica, y solo la verdad consigue la liberación.


   Sabemos lo es la verdad funcional, la que hay en la ciencia y la técnica, pero no ponemos interés en buscar la verdad que es eterna y creadora y cuyo conocimiento resulta esencial para conocer el quién soy yo verdadero.


   Sin la herramienta de la VERDAD, el hombre no puede encontrar sentido a su vida, su dignidad queda por los suelos, y deja el campo libre a cualquiera que sea más fuerte que él.

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