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miércoles, 13 de junio de 2012

"Olga Belmonte García" ha publicado: " La Verdad Habitable"

http://www.amazon.es/verdad-habitable-Horizonte-Rosenzweig-Biblioteca/dp/8484683885/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1339573634&sr=8-1
http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Rosenzweig

La verdad habitable: Horizonte vital de la filosofía de Franz Rosenzweig (Biblioteca Comillas) 

Franz Rosenzweig (Kassel, 25 de diciembre de 1886 – Fráncfort del Meno, 10 de diciembre de 1929), filósofo y teólogo alemán, uno de los más importantes del siglo XX. Influyó en importantes pensadores como Walter Benjamin y Emmanuel Lévinas, entre otros. Colaboró con Martin Buber en la traducción de la Torá del hebreo al alemán.
Nota: 
Leer también artículo de Olga Belmonte García sobre Claves para recorrer ‘Ser y tiempo’ de Heidegger (pp. 377-390, de la revista Razón y Fe de mayo-junio 2012). En este artículo presentamos las líneas fundamentales de la obra «Ser y Tiempo», de Martín Heidegger. Se trata de un filósofo que ha influido considerablemente en el pensamiento contemporáneo, tanto por las críticas que ha recibido, como por quienes le consideran inspirador del existencialismo. Nuestro objetivo es hacer accesible su obra principal a lectores no familiarizados con él y suscitar la reflexión sobre los temas que plantea. Nos preguntaremos en qué medida la descripción de la existencia que ofrece, basada en la finitud, imposibilita la apertura a la trascendencia
.
https://docs.google.com/file/d/0B0M-mYRnf36iMU5MWXkxd2R4N2c/edit?pli=1
Olga Belmonte García interpreta a Heidegger:  
Morir es dejar de encontrarse, dejar de ser "ahí" . Pero no tengo experiencia de la propia ausencia, sino que es el dejar de ser del otro el que me anuncia que mi existencia también termina con la muerte. El hombre asiste a la muerte ajena, en la que no experimenta la muerte como tal , sino la ausencia del otro. La muerte propia no puede objetivizarse ni analizarse, sólo puede "existirse" porque no es un ente, sino un "existenciario" es el modo de existir que constituye al yo como un todo, el que lo clausura y señala sus límites, sus posibilidades de ser.  En la existencia impropia (inauténtica; se existe bajo la dictadura de los otros, la masa, el "se", lo que "se" suele hacer, "se" dice, "se" piensa", ...) , el hombre no es consciente de que muere . Vive en el mundo que le acoge y le resulta familiar. En la vida cotidiana (generalmente inauténtica ) el hombre no es un individuo, sino "uno" (entre otros), indiferenciado, que no piensa por sí mismo, sino que reproduce las habladurías, lo que "se" suele decir. La muerte no es aquí una amenaza o una sorpresa, sino algo que ocurre continuamente a otros. "Uno" se acostumbra a la muerte ajena, que no le señala, sino que le oculta su propia muerte ("uno morirá, pero todavía no"). Hay una cómoda indiferencia respecto de la muerte propia, que genera una falsa sensación de inmortalidad.

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