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domingo, 31 de mayo de 2015

15.05.31 Reflexiones sobre DE LA ESENCIA DE LA VERDAD de Martin Heidegger, pensado en 1930 y publicado en 1943


15.05.31 Reflexiones  sobre DE LA ESENCIA DE LA VERDAD de Martin Heidegger, pensado en 1930 y publicado en 1943


Esto dice Heidegger:


Lo primero que debe intentar un pensar bien fundamentado ocupado con lo real es establecer la verdad efectivamente real, que nos proporciona hoy día norma y estabilidad, contra la confusión de la opinión y el cálculo.


El   sano sentido común de los hombres que insiste en exigir una utilidad al alcance de la mano, y pugna celosamente contra el saber sobre la esencia de lo ente, un saber esencial que desde hace largo tiempo se llama filosofía.


Nosotros mismos nos quedamos detenidos en lo obvio del sentido común cuando nos creemos seguros en esas multiformes verdades de la experiencia de la vida, del actuar, investigar, crear y creer. Nosotros mismos defendemos lo obvio contra cualquier pretensión de ponerlo en tela de juicio y cuestionarlo.


Lo verdadero es lo real. De acuerdo con esto, hablamos de oro verdadero a diferencia de oro falso.


Un enunciado es verdadero cuando lo que significa y dice coincide con la cosa sobre la que enuncia algo.


Este doble carácter del concordar se pone de manifiesto en la tradicional definición de la verdad: veritas est adaequatio rei et intellectus.


La verdad de la proposición, sólo es posible sobre el fundamento de la verdad de la cosa, la adaequatio rei ad intellectum.


Una antigua tradición del pensar, si bien tampoco la más antigua, según la cual la verdad es la coincidencia de  un enunciado con una cosa.


Representar significa aquí el hacer que la cosa se presente frente a nosotros como objeto.


Se experimenta tempranamente en el pensar occidental como lo presente y desde hace mucho tiempo recibe el nombre de ente.


La verdad no habita originariamente en la proposición.


La esencia de la verdad, entendida como conformidad del enunciado, es la libertad.


La libertad es la esencia de la propia verdad.


Ciertamente se le atribuyen al hombre falsedad y disimulo, mentira y engaño, estafa y apariencia, en resumen, todos los tipos posibles de no verdad.


La no verdad es lo contrario de la verdad.


La libertad se desvela ahora como un dejar ser a lo ente.


La expresión aquí utilizada y necesaria, dejar ser a lo ente, no piensa en el desinterés o la indiferencia, sino en todo lo contrario.


Dejar ser es el meterse en lo ente. Dejar ser -esto es, dejar ser a lo ente como eso ente que es- significa meterse en lo abierto y en su apertura.


Pensar de otro modo el concepto habitual de verdad, en el sentido de la conformidad del enunciado, dentro de ese ámbito aún
no comprendido del desocultamiento y desencubrimiento de lo ente.


El dejar ser, es decir, la libertad, es en sí misma ex-ponente, ex-sistente.


La libertad no es sólo lo que el sentido común quiere entender bajo ese nombre: el antojo ocasional que a la hora de la elección se inclina de este lado o del otro. La libertad no es la falta de ataduras que permite poder hacer o no hacer.


La libertad es antes que todo esto (antes que la libertad negativa y positiva) ese meterse en el desencubrimiento de lo ente como tal.


La ex-sistencia que tiene sus raíces en la verdad como libertad es la ex-posición en el desocultamiento de lo ente como tal.


La ex-istencia del hombre histórico comienza en ese instante en el que el primer pensador se pone al servicio del desocultamiento de lo ente preguntando qué sea lo ente.


Sólo el hombre ex-sistente es histórico. La naturaleza no tiene historia.


La verdad no es una característica de una proposición conforme enunciada por un sujeto humano acerca de un objeto y que luego valga no se sabe en qué ámbito, sino que la verdad es ese desencubrimiento de lo ente mediante el cual se presenta una apertura.


En su dejar ser a lo ente, el hombre histórico también puede no dejarlo ser como ese ente que es y tal como es. Cuando esto ocurre, el ente se ve ocultado y disimulado. Toman el poder las apariencias. En ellas se hace patente la inesencialidad de la verdad.

La no-verdad tiene que proceder de la esencia de la verdad.


Allí donde lo ente es poco conocido para el hombre y la ciencia apenas lo conoce y sólo de modo superficial, el carácter abierto de lo ente en su totalidad puede dominar de modo más esencial que allí en donde lo conocido y lo que siempre puede ser conocido son ya tan vastos que no se pueden abarcar con la mirada.


En la medida en que ex-siste, el ser-aquí preserva el primer y más vasto no-desocultamiento, esto es, la auténtica no-verdad.


La auténtica no-esencia de la verdad es el misterio.


La no-esencia sigue siendo esencial para la esencia.


Es verdad que también en el ámbito de lo corriente hay misterios, cosas inexplicadas o no decididas y dudosas.


Esta inquietud del hombre, que se aparta del misterio para volcarse en lo accesible, y que le hace ir pasando de una cosa accesible a otra, pasando de largo ante el misterio, es lo que llamamos el errar.  El hombre anda errante.


El errar forma parte de la constitución íıntima del ser-aquí en que se halla inmerso el hombre histórico.


El error no es una falta aislada, sino el reino (el dominio) de la historia de los intrincados entramados de todos los modos de errar.


El error se extiende desde la más común de las equivocaciones, confusiones o errores de cálculo hasta el perderse y extraviarse en las actitudes y decisiones que son esenciales.


El errar domina por completo al hombre en la medida en que lo confunde.


En la ex-sistencia de su Dasein el hombre se ve sometido al dominio del misterio y, sobre todo, de la opresión del errar.


El desencubrimiento de lo ente como tal es en sí y simultáneamente el ocultamiento de lo ente en su totalidad.


En la simultaneidad de desencubrimiento y ocultamiento reina el errar.


La pregunta única: qué sea lo ente como tal en su totalidad. Este preguntar piensa la pregunta por el ser de lo ente,


El ocultamiento de lo oculto y el errar pertenecen a la esencia inicial de la verdad.


La esencia de la verdad es la verdad de la esencia.


La frase no es dialéctica.


La respuesta a la pregunta por la esencia de la verdad es el decir de un giro (Der Kehre) dentro de la historia del ser.


Y como al ser le es inherente un cubrir que aclara, el ser se manifiesta inicialmente a la luz de la sustracción encubridora.


El nombre de este claro es “Aletheia” .  Aletheia = "aquello que no está oculto", hace referencia al "desocultamiento del ser".

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